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Viaje de aventura

July 18, 2017

Empecemos por el final: lo más útil fue lo que no llevé.

 

Este fue un fin de semana de aventura salvaje en Alta Verapaz: Hun Nal Ye y Semuc Champey en familia, con mi esposo y con 4 jóvenes entre 16 y 22 años de edad.  

Naturalmente, estaba nerviosa de pensar si realmente yo lograría que mi tratamiento fuera todoterreno y funcionara aún en lugares remotos y lejos de una refrigeradora. Tanto me afligía por eso que pensé que esta entrada de blog se trataría de cómo me preparé para este viaje, pero me doy cuenta que eso no es lo más importante, así que se los resumo:  Sí es posible apegarnos al tratamiento donde quiera que vayamos, siempre y cuando llevemos todo lo que necesitamos comer y sobre todo, si vamos con la actitud mental correcta: gozar la actividad por todo lo que es, no por la comida.

Yo siempre he sido algo montañesa y de campo y me encanta la aventura.  Me llena el corazón el hacer actividades en familia e iba dispuesta a gozar de estos días tan valiosos con quienes amo.

La de la foto de arriba soy yo (aunque usted no lo crea), en el salto de garrucha al río Kechu 'um en Hun Nal Ye.  

En la esta foto, estoy encaramada en el mirador de Semuc Champey, pero no me veo porque yo tomé la foto, después de duro ascenso que aguanté bien al igual que quienes iban conmigo.

Cuando iba subiendo los cientos de gradas para llegar al mirador, pensé que para este viaje empaqué de todo: repelente de insectos, filtro solar, botiquín, ropa y comida adecuada... pero lo más importante fue lo que no llevé: las casi 40 libras que he perdido este año.

Fue muy revelador darme cuenta que subir lo que fue un equivalente a 172 pisos, cargando una mochila de alrededor de 10 libras, hubiera sido difícil e incluso peligroso para mi salud si ayer hubiera pesado lo que pesaba en enero.  Pude lanzarme al río sin pena de que me dijeran que la actividad no soportara gente de mi peso.  Pude pasear en traje de baño sin que se me desbordaran los gorditos y gozar a la par de mis hijos y mi esposo.

Comer lo que me tocaba y decir que no a lo que ellos comieron no me gustó mucho ni fue fácil y me avergüenza confesar que no hice todo 100% bien, pero eso palidece comparado con la felicidad de sentirme joven y adecuada para hacer lo que disfruto.

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