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Es hora de volver a casa


De hecho, volví hace dos semanas y hasta ahora me estoy poniendo al día con el blog y otras actividades. Aunque sea retroactivo, estaré publicando lo que se quedó en el tintero. Aquí les va el primero.


He estado viajando por 34 días en los cuales tomé 15 vuelos, y es hora de volver. Lo que tenía que hacer está hecho: visité a la familia y celebré la vida con mi hija pequeña en el primer viaje. En el segundo, un día después del primero, volé a visitar a mi hija en Boston y mi esposo y yo gozamos de unos días juntos y felices admirándonos de las maravillas a las que nuestra hija tiene acceso. Volví a casa por unas horas y salí de nuevo, esta tercera vez a acompañar a mi hijo mayor a enfrentar su destino y a tomar decisiones trascendentales. Fue hermoso.

Cada uno de esos viajes fue valioso, pero fue una situación totalmente atípica para mi principal ocupación de ser mamá, hermana, tía, amiga y perdona individual , cuya descripción del puesto no incluye estar tantos días fuera de casa. Y fue un riesgo ahora que me estoy cuidando.

En todos estos días comprobé una vez más varias cosas importantes:

  1. Es posible cuidarse estando de viaje, pero requiere mucha atención y la decisión de hacerlo.

  2. A menor distancia de la comida, más tentación. Eso incluye el hecho que, en mi caso, tantos días de ver comida que se me atraviesa me tiene cansada la fuerza de voluntad. Por eso en cuanto llegue a casa, declararé abstinencia de todo lo que está de más, para ordenarme al cien otra vez.

  3. Yo estoy cambiando. Ahora puedo cuidarme mejor... pero el lobo voraz sigue viviendo dentro de mi y si le abro la puerta, sale listo para engullirse lo que sea.

Cada uno de estos puntos daría suficiente contenido para generar su propia entrada del blog, pero como son gente ocupada, resumo para quienes están preguntándose que recomiendo al respecto de los viajes. Me servirá de recordatorio si en el futuro tengo otra oportunidad de viajar.

Para empezar, si no crees que puedas cuidarte durante un viaje, no vayas. Ya habrá más tiempo para viajar, pero cuando haces de tu cuidado una prioridad, haces de ti una prioridad. Y como seguro no quieres perderte de un viaje por culpa de la comida, decidirás que vale la pena cuidarte mientras viajas. Parece extraño, pero mucha gente lo hace.

Si decides que estás dispuesto a viajar Y cuidarte, prepárate reservando un hotel o apartamento donde puedas cocinar, mejor si en un barrio seguro donde puedas salir a explorar mientras haces ejercicio, o con gimnasio. Si vas donde amigos, avisa que estás cuidándote y que no se preocupen de alimentarte porque ya irás tú al supermercado. Ve preparado para decir que no de mil maneras, y también convéncete que vas a cuidarte porque cada día de cuidado es un regalo para ti. Lleva en tu mochila algo adecuado para comer desde el primer momento. Apégate a tus horarios de comida y no descuides tu ejercicio. Sobre todo, no empieces a hacer excepciones porque eso le abre la jaula al lobo. Practica decirte que no cada vez que veas eso que se te antoja, porque al final de la comida, puedes pensar: “eso estuvo delicioso! “ o “eso no estuvo delicioso” pero ¿sabes que? Para cuando lo digas, ya habrás comido. Rico o menos rico, pero habrá acabado. La felicidad de estar saludable y delgado dura mucho más que lo que dura la comida en la boca.

Disfruta de la actividad física, de las conversaciones y de los paseos, de los momentos. Y si sientes que estás a punto de meterte a la boca lo que no debes, distraerte con otra cosa, cámbiate de lugar y no te lo permitas. Pero si caes en la tentación, recuerda que tu lobo va a querer seguir comiendo lo que no te conviene y dile un tajante no y vuelve a tu cuidado.

En mi caso, traté de no hacer más de una comida fuera de casa al día, y elegí lugares donde sirven proteína y vegetales a la plancha o al vapor.

Anduve con mis refacciones y mi agua y les digo, es mucho más práctico y más barato de comer en la calle. Pero confieso que a veces comí lo que no debía, pero fui muy selectiva, saliendo sólo cuando eran ocasiones únicas e irrepetibles, regresando pronto a mi cuidado. No me desbordé con tonteras que consigo en cualquier parte. Pero no fui tan fuerte como hubiera querido.

La pregunta del millón es cómo está mi peso después de 34 días de viaje. La respuesta, igual que cuando me fui. No bajé y no subí, pero hoy vengo con unos jeans una talla más pequeña.

Hubiera deseado decir que regresé pesando menos, porque aún quiero llegar a mi peso ideal, pero no quisiera ni pensar qué hubiera pasado si no hubiera hecho de mi cuidado una prioridad.

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