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Astrid: Mucho más que inspiración

January 23, 2018

Esta entrada es la más profunda que he compartido, porque es una puerta abierta al alma de una hermosa mujer: mi amiga Astrid, a quien admiro profundamente y agradezco su enorme generosidad.

Hoy joven, delgada, saludable, simpática y luchadora, es una enorme fuente de inspiración para mi cuidado. 

Pero no siempre se sintió como yo la describí.  Su verdadera esencia estuvo durante más de cuatro décadas sepultada bajo muchas libras.  El año pasado bajó 98 libras durante 7 meses de tratamiento.  Llegó a su peso saludable y lo ha mantenido durante 8 meses.

La conocí en Plusvida y la respeto profundamente.  Tu caso podría ser uno de éxito, como el de ella.

 

El otro día la escuché en una charla, en la cual confesaba que durante las fiestas de fin de año se descubrió renegando de su cuidado.  ¿Recuerdas que en Plusvida escuchamos charlas a diario? ¿Y recuerdas que aunque adelgacemos deberemos convertirnos en delgadas que se cuidan el resto de la vida? Pues a ella, ya en mantenimiento, le estaba costando cuidarse y por momentos se sintió con ganas de rebelarse… hasta que pidió ayuda y su consejera le dijo que se sentara a escribir los beneficios adicionales a la pérdida de peso que ha obtenido a través de su cuidado.  Escuchar todo lo que nos contó me pareció muy valiente y muy revelador. Por eso la invité a que compartiera su extensa y valiosísima lista con nosotros.

 Si tú todavía estás pensando si te animas o no a intentar lograr la mejor versión de ti misma, te comparto sus reflexiones. Algunas de ellas nunca se me hubiera imaginado que eran una realidad tan dura antes para ella, y quizás algunas lo sean hoy para ti. 

¡Felicitaciones por tus éxitos, Astrid! y un millón de gracias por compartir de forma desinteresada esto tan emotivo y tan personal para ti.

 

                               Lo que gané cuando perdí

 

“Ocho meses estando delgada no es mucho, si lo comparas con los largos años que conviví con el sobrepeso y obesidad.  Por eso, a mi cabeza a veces le cuesta recordarse lo incómodo que era vivir así.  Hoy hago la cuenta de las bendiciones adicionales que me ha traído vivir en mi peso saludable.

1. Duermo mejor, lo que representa que de  noche realmente puedo descansar y renovar fuerzas para empezar de nuevo al día siguiente.  Claro que a veces me canso, pero sé que puedo salir adelante  si quiero.

2.  Se me ha olvidado lo que es convivir con dolor:  Ya no me duele la espalda, ni las plantas de los pies al caminar. Puedo salir caminando de mi cama sin que me duela nada.  Las rodillas no me duelen ni me truenan ya.  Se esfumó el dolor de colon y ya no tomo nada para desinflamarlo.  Cuando hago un esfuerzo fuera de lo normal, ya no me duelen el corazón y el brazo. Mis manos se han desinflamado y puedo doblar mis dedos sin dolor.

3.  Mi cuerpo funciona mejor: el sistema digestivo mejoró muchísimo.  La tiroides está bajo control.  Por eso ahora tomo menos medicamentos: la mitad de la dosis de Eutirox y nada para desinflamar el colon.

4.  Estoy mucho más atlética:  Puedo caminar una hora seguida sin sofocarme, y subir caminando sin detenerme del sótano 4 al piso 6 sin sentir que muero en el piso 4.

5.  Ahora comparto mucho más con mis seres queridos: dejé de ser espectadora para gozar de muchas cosas como Canopy y salto libre.  Me fascina compartir algunas prendas de vestir con mi hija

6.  Tengo más energía y me canso menos. Tengo más vitalidad durante todo el día.

7. Mis músculos están más relajados: Antes mantenía tensión en la espalda y ahora ya no tengo tantos nódulos de tensión.

8.  Mi piel está más lozana, muy suave y tersa.  Creo que tengo más arrugas pero mi piel está realmente acariciable, quizás porque ahora está más hidratada que nunca.

9.  Mi experiencia cotidiana es más agradable, de muchísimas maneras:  Por ejemplo, ya no me presiona el seguro del cinturón del carro en la cadera, por lo que puedo viajar largas distancia sin molestia alguna, pues voy sentada muy cómodamente en cualquier automóvil. Puedo mover el sillón del carro a cualquier distancia y ya no topo con el timón.  Ya puedo moverme en espacios  reducidos en los cuales antes ni pensaba pasar o cuando pasaba era un desastre, pues movía a las personas o  tiraba las cosas que topaban con mi cuerpo.

11.  “Sillofobia”: ¡Tema superado!  Poco a poco he ido olvidando mis temores de antes.  Dejé, por ejemplo,  de preocuparme por el Tema SILLAS,  es decir en qué silla me voy a sentar. Ya no tengo miedo a que se rompa la silla en la que estoy sentada, porque aunque nunca sufrí de un incidente vergonzoso de ese tipo, conviví con ese terror interno de que eso me pasara en cualquier momento y en cualquier situación.  Y también superé mi miedo a  no caber en todas las sillas. Yo nunca me sentaba en las sillas que tenían brazos porque algunas me apretaban demasiado  y no cabía.  Ahh!  y ya no me preocupa el tema de los sillones de avión. No sé si es cierto, pero he sabido que después de cierto peso ya no puedes ir en las sillas normales y tienes que pagar más por 2 sillas o viajar en primera clase. Qué bueno que nunca averigüé como es eso de los sillones de avión y  la obesidad.

12.  Me siento más joven, atrevida y divertida,  y muchas cosas han  mejorado en mi relación con mi esposo. Ahora que estoy más segura de mi misma, más liberada y sin ataduras mentales, la intimidad es mucho mejor.  

13.  Definitivamente estoy más coqueta.  Ahora puedo cruzar la pierna al sentarme y el poder hacerlo me da mucha felicidad. Puedo usar tacones del alto que se me antoje, sin problemas de dolores de articulaciones o cansancio extremo en las piernas y/o pies; y,  sin miedo a quebrar los tacones si son muy delgados. Me veo y siento mucho mejor.  Me gusta mi imagen en las fotografías, dejé de esconderme y de tener vergüenza de cómo voy a salir. Ya ni le pongo atención a eso.  Al fin me siento a gusto con mi apariencia física. Encuentro ropa en cualquier tienda, ya no busco las que tienen tallas especiales. Dejé de ser talla 24 para ser 8 petit.  Me arreglo más pues me gusta cómo luzco. Tengo un guardarropa nuevo con pocas cosas, pero todo lo que tengo me agrada y me hace ver muy bien. Puedo elegir que voy a comprar, pues no tengo la necesidad de comprar solo lo que me quede.

14.  Todo lo anterior es hermoso y visible, pero hay más que no se ve pero atesoro: el crecimiento emocional que he ganado durante todo este proceso.  Hoy me siento más segura y confiada de mi misma.  He superado muchos miedos infundados que antes tenía. Ahora veo que mis miedos me impulsan si yo los uso para bien. Vivo mi presente, he dejado descansar mi pasado, tomándolo como una experiencia de vida, que me permite construir un futuro, que aunque no depende de mí al 100%, sé que puedo manejarlo, si me lo permito,  pues preocupándome por cosas que no han sucedido o que tal vez nunca sucedan no mejora nada, y resulta ser una causa infinita de ansiedad  innecesaria.  Reconozco mejor mis emociones y mis pensamientos, incluso los negativos e infundados.  Trabajo de forma más positiva en mi autoestima.  Todavía está en terapia intensiva, pero crece día a día, pues me quiero cada vez más. He aprendido a aceptarme con todo y errores, porque ahora los veo como fuente inagotable de enseñanza, que me permiten evolucionar y me dan una oportunidad de cambio.  Ahora sé que nadie está predefinido, ni tiene por qué  quedarse encasillado en un estereotipo, si no lo permite. Todos los días que sale el sol es una nueva oportunidad de cambiarnos a nosotros mismos.

Hablando de cambiar, ahora estoy consciente que lo único que puedo cambiar es a mí misma, los demás y lo demás son independientes, ajenos.  Sólo tengo poder sobre mí y sobre cómo yo veo y vivo mis circunstancias personales.   Me encanta saber que soy una persona en construcción, en constante cambio, en busca de ser mejor cada día, sin importar que me equivoque o que tome decisiones erradas, porque siempre puedo mejorar.   Por eso, ahora valoro mis éxitos y también mis facasos.  Logré llegar a mi meta de peso saludable y por eso, me siento una ganadora.  Sé que soy motivo  de envida para muchas personas que no se alegran de mi cambio, y eso no me molesta sino al contrario, me gusta porque yo seguiré cuidándome y queriéndome a mí misma a pesar de su molestia personal y que pierdan apuestas esperando mi rebote.   

No todo ha sido siempre fácil.  Aún tengo días oscuros en los que experimento  tristeza, negativismo, falta de autoestima y negligencia, pero sé que puedo elegir lo que pienso y lo que siento.  Nada de eso depende del mundos exterior sino de lo que yo construya por dentro.  Sé que debo poner límite a lo que pienso y a lo que siento, y que no se vale desbordarme en pensamientos que producen sentimientos autodestructivos.  Hoy me quiero y me valoro MUCHO. Soy la estrella de mi propia película y yo soy la que pongo los reflectores sobre mi vida  y también la oscuridad, por eso debo estar atenta todo el tiempo sobre mis pensamientos.  Como ven, me he vuelto más reflexiva y organizada.  Estoy más en calma, mis periodos de paz interior son más largos y duraderos que antes.

15.  Hablando de vida interior, con certeza puedo decirles que ahora identifico mejor mis emociones y busco identificar las causas de mis sentimientos y pensamientos , porque antes creía que los sentimientos y pensamientos eran  verdades absolutas, y ahora sé que no lo son,  que muchas veces son producto de procesos emocionales que tratan de justificar mis fracasos.  Son a veces esos fracasos los  que me llevan a concebir pensamientos autosaboteadores.  Al fin pude definir que en mi mente hay dos  vertientes:  una real y una imaginaria, algo así como un yo y un super yo, uno positivo y uno negativo.  Ahora sé con certeza que mis pensamientos a veces no están en lo correcto y que si no los controlo se pueden volver mi peor enemigo.  Esos pensamientos saboteadores son motivados por mi adicción a la comida, que siempre quiere ganar y que le de de comer de mas, y disfraza su intencines de negativismo, fracaso, depresión o cansancio, pero también a veces de alegría, euforia confort, placer, gratificación o premio. Se disfraza de cualquier pensamiento que busque convencerme de que comer fuera de mi plan no es tan malo, que me deje llevar y después veré cómo arreglarlo.  

Ahora sé que mi mente, mi cuerpo, mi voluntad, mi espíritu, mi esencia personal son elementos de un todo. Cada uno de estos elementos puede ayudarme a tener una mejor vida  en todos los sentidos, pero que también uno solo de ellos puede ser un terrible detonante que, disfrazado de placer, me hace hacer cosas que me hacen sentir inferior, cansada, deprimida, triste, fracasada, fea, y me insiste que no puedo cuidarme, que nada vale la pena, o  que esto es demasiado sacrificio.  Con frecuencia me susurra que se vale darme un gustito y después me sentiré mejor.  Este pensamiento de “darme un gustito” me llevó a pesar 244.2 libras, a casi perder mi matrimonio, a que mis hijas se avergonzaran de mí, a tener que sufrir las miradas de las personas, que me veían con desagrado, con susto, de mil formas dolorosas.  Esto sucedía cuando estaba en algún restaurante o cuando caminaba por la calle. En muchas ocasiones escuché comentarios como “mejor ya no como para no terminar como ella”,  o “qué gorda,  ¡Qué horror! ¿Cómo pudo hacerse tanto daño?, o con tristeza escuchar, “Cariño  aquí no hay ropa de su talla”.  Una navidad que me vestí de rojo un niñito pequeño con toda la dulzura del mundo me pregunto si yo era Santa Claus.

 

De allí es donde vengo: de esquivar miradas, comentarios, experiencias y sillas.  Finalmente me di cuenta que todo este dolor me lo causé porque se disfrazaba de recompensa, de agradarme a mí misma,  de premiarme, de acompañar mis momentos solitarios, de bajar la intensidad a la tristeza o dar más color a la felicidad.  Esos pensamientos me llevaron a querer más de todo, a no estar satisfecha nunca, a buscar el postre más rico, el restaurante más nuevo, la comida más sabrosa, a salir sin importarme la gente sino sólo el menú,  a planear eventos, ocasiones especiales, y  mi vida en general alrededor de la comida. A decirme que si había de morir, que fuera  por algo rico, que no causaba daño a nadie más que a mi.  Pero dañaba a todos a mi alrededor. 

Por eso, ahora sé que cuidarme no es tan egoísta y personal como creía pues al cuidarme , le he mejorado la vida a mis seres cercanos. A mis hijas les he dado un gran ejemplo de vida. Ellas mismas dicen que ahora saben que todo lo pueden cambiar si de verdad lo desean.  Y ahora yo sé que el primer paso para cualquier cambio es reconocer que tengo un problema, que todo pasa si hago esfuerzos para obtenerlo, que nada cae del cielo,  pero que Dios sí te escucha y te ayuda, si tú te esfuerzas; que lo que cuesta se valora,  se quiere,  se cuida, que lo logrado puede perderse por descuido, que no hay que dar las cosas por sentado.  Al cuidarme yo, les he enseñado a cuidar de ellas mismas.  Se sienten orgullosas de mis logros, me usan de ejemplo de perseverancia y motivación personal para obtener lo que quieren.  Hoy soy motivo de pláticas  positivas con sus amigas. Un año antes de perder casi 100 libras, me trasladé al extranjero para obtener un doctorado, y estos dos grandes logros les demuestran que todas las metas son posibles si te las trazas y te esfuerzas por conseguirlas.

Cuidarme además salvó mi matrimonio, y hoy mi esposo está entusiasmado como si fuera mi novio. Cuidarme alimenta nuestro amor. Mi pobre esposo tuvo que tener la esposa más fea, por mucho tiempo y ahora presume “a su patoja” como él dice. El cuidarme  renovó nuestra relación, además de modificar positivamente  nuestra vida familiar.  Ahora comemos más sano, hacemos ejercicio juntos, mis hijas y yo participamos de muchas actividades que antes solo podía ver, incluso el préstamo de ropa nos ha vuelto un poco socias.

Mi hija más pequeña, que la tuve cuando yo tenía 40 años, también salió ganado. Ella fue mi motivo para animarme a lograr este  cambio.   Ella es la  que más agradece que me cuide y se enorgullece de mí. Dice que soy la mama más linda de su clase y la verdad todas las demás mamás son mucho más jóvenes que yo, pero ella ahora ya no nota la diferencia pues me ve tan joven como esas chicas de 30 años.  Se siente muy comprometida con mi cuidado, me motiva a ejercitarme diariamente, está pendiente de lo que como y lo que no como, y agradece que me decida por frutas y verduras en lugar de postres.  El saber que gran parte de todo este cambio nació  por ella la hace sentirse valiosa y apreciada.

 

Sin lugar a dudas, nunca antes me había regalado tanto tiempo a mí misma, para conocerme mejor.  Cuando mis pensamientos equivocados me insisten que es horrible tener que vivir cuidándome todos los días de mi vida, o  que esto es menos calidad de vida, no necesito más que volver a leer esta lista.  Entonces sé que esas ideas que quieren llevarme a abandonar mi cuidado no son más que mentiras. Las escuché por 47 años durante los cuales estuve confinada a un pantano, y cada vez que trataba de salir me hundía más.  Literalmente, cada dieta que hacia terminaba con un rebote tan grande que cada vez tenía más peso que con el que había empezado.  Escuchar mis pensamientos saboteadores mantuvo mi cuerpo en un estira y encoge, y  mi autoestima y  autorealización personal quedaron postergados.  Por eso, no quiero volver a hacerles caso jamás.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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