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Vislumbrando la meta

February 23, 2018

 

Si todo sale bien, como yo quiero, la semana entrante podríamos celebrar que llegué a la meta.  En comparación a otros pacientes de Plusvida, me he tardado mucho en lograrlo, pero me resuena en la cabeza la canción ranchera que dice “que no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar”.

Pensé que vislumbrar este momento sería de mucha alegría y emoción, pero por ahora, no la siento.  Tengo la emoción guardada porque cuando he estado cerca y me he emocionando, la pesa me ha jugado malas pasadas.  Así que vamos a mantener las emociones amarradas por ahora, para no tentar a la  suerte.

Si lo logro, sin duda habrá sido una hazaña muy importante en mi vida,  algo que marcará un antes y un después. ¿De qué?  De intentar hacerlo sola o con ayuda.  De creer que puedo y no lograrlo.  De ignorar mi condicionamiento y poco a poco ir aceptando que es cierto.  Pero sobre todo, de creer que podía con lo que fuera y comprobar una y otra y otra y otra y otra vez que esto no se acaba cuando yo diga, sino cuando conquiste lo que me toque conquistar.  Aprender todo eso me ha llevado 11 meses, el tiempo que he necesitado para confrontarme con mi  hábito de creerme  la gran cosa y tomar mis dosis de humildad todos y cada uno de los 338 días que ha durado mi reto hasta hoy.

Cuando pienso que quizás logre llegar pronto, me invade una cierta tristeza, como un duelo.  No es un duelo por haber perdido a la comida como fuente de compañía, consuelo, celebración, o premio para mi, sino por haber perdido la versión de mi que comía con alegría, con descuido y con naturalidad lo que quisiera y cuando quisiera.  También duelo por perder la versión de mi que consentía y amaba a mis seres queridos a través de lo que cocinaba para ellos.  Por ahora, no he logrado reconciliar a mi yo que se cuida de forma personal con mi yo que se relaciona con los demás a través de la comida.  Como ven, el aprendizaje no se acaba y me consuela que no necesito saberlo todo desde ya.

Sin embargo, atesoro, valoro y celebro esta versión 2.0 mía, que tiene que ver todo con el esfuerzo y nada con el azar, que me ha convertido en una guerrera capaz de encontrar motivación cada vez que me he sentido derrotada y me deja en un lugar mucho mejor que antes para presentarme ante la vida y gozar de todas mis bendiciones.  Finalmente la imagen que veo en la foto se parece a la que tenía en mi misma en mi cabeza.  Mi cuerpo es otra cosa.  Ese todavía no lo conozco.  Me sorprenden los huesos que afloran tras años de estar escondidos, las partes que se han desinflado, la piel que me queda un poco floja y la ropa, que parece haberse agrandado entre mi closet.

Ojalá pronto pueda compartirles que la pesa accedió a  alcanzar las metas que me puso la nutricionista. Por mi parte, sé que he luchado la buena batalla, y hoy comprendo mucho mejor de qué se trata el sobrepeso y por qué es difícil ganarle, juzgo menos y me compadezco más y mientras mi cuerpo se hace más pequeño, crezco en cabeza y corazón y me siento afortunada de finalmente ser yo la que tiene el control de mi peso.

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