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Contenta

June 27, 2018

 

Mañana tengo cita en la clínica.  Han pasado  4 meses desde que llegué a mantenimiento. 

No me siento eufórica, pero después de mucho pensarlo, he decidido elegir que me siento contenta, en el sentido cristiano.  Es decir, me siento agradecida, a gusto, en paz con lo logrado, aunque si pudiera hacerlo mejor, lo aceptaría con felicidad.

No sé si el cuidado en sí genera una ruleta rusa de emociones o si yo soy yo quien despliega a diario un variado abanico emocional.  Hoy, cuatro meses después de haber llegado a mantenimiento, peso justamente tres libras más que cuando llegué. 

Han pasado 120 días, que incluyen fines de semana, vacaciones de Semana Santa, reuniones familiares, penas de hospital, aniversario de tristeza profunda, o de gran felicidad, emociones de graduación, momentos de aburrimiento, de alegría o de angustia, lesiones  y hasta el mundial de fútbol... momentos que generan emociones  que van entretejiendo la vida.  Me he esforzado y he  persistido en mi cuidado, día a día, a pesar de todo y viviendo plenamente todo, tratando de hacerlo sacando la comida de la ecuación.

Por eso he decidido que entre todo lo que he sentido en estos meses, elijo como emoción central el contentamiento.

Si hablaran con mi esposo o con mi equipo terapéutico, ellos les dirían que han habido momentos en los que he estado frustrada, enojada, triste, inconforme, o todo a la vez,  dudando, peleando con la realidad de tener que cuidarme siempre, con ganas de tirar la toalla y decir no más, pero especialmente, con ganas de apagar la cabeza y creer que puedo descuidarme sin consecuencias. 

Esto es porque, para Plusvida, si no lo estás haciendo bien, lo estás haciendo mal.  No hay términos medios.  Y es una realidad que estoy afuera de mi rango.  Así que en mi libreta de calificaciones, dirían que he reprobado.  Yo misma me lo creí y por eso, lo he pasado bastante mal. No me gusta reprobar nada.

Pero me observé desde afuera y les cuento lo que vi:  Una mujer que día a día sale a caminar, a pesar de la lesión del momento, del clima, las actividades que traerá el día o las ganas.  Vi a  una mamá que planifica las comidas en relación al cuidado, que se enfrenta al supermercado cual guerrera ninja, que se cuida la gran mayoría del tiempo y se equivoca algunas veces, que se sube a la báscula todos y cada uno de los días a pesar del temor a lo que diga la pesa con respecto a lo que hice el día anterior.  Vi una guerrera que va a pilates para rehabilitar sus músculos y que acepta invitaciones para compartir con sus seres queridos obligándose a dejar la comida y la vergüenza fuera de la ocasión. Y vi cómo, con humildad ganada a puro orgullo pisoteado, estoy meditando, reflexionando, tratando de entender cómo se acepta la idea de cuidarme de ahora en adelante, día a día, sin perder la alegría y descubriendo trucos para que cada vez sea menos difícil.

En mis palabras, eso se llama éxito, diga lo que diga la pesa.

Pero como estar contento implica estar agradecido y a la vez, dispuesto a estar mejor, continuaré en esto, tratando de encontrarle el lado amable.  Son unas cuantas libras las que faltan y me recuerdan que aún tengo mucho por aprender.

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