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Ocasión de lucir o de sufrir

April 12, 2019

 

Es hora de armar la maleta.  Pronto será ocasión de mar, arena y sol. Empiezo a sacar mis prendas y en el fondo del cajón, los shorts color salmón que usé en Barcelona en agosto parecen desafiarme.

 -¿Ahora qué será, me dejarás en la gaveta como en año nuevo y en las vacaciones familiares, o te animas a comprobar si lograste estar del tamaño adecuado para lucirme?

Me acerco, los tomo, redoblan los tambores en mi cabeza y ¡wow!  Subieron y cerraron.  Me volteo para ver mi derrière en el espejo y poco a poco me animo a abrir los ojos.  ¡Me quedan decentes!  Ahora giro para verme la cintura… un poquito de muffin-top.  En esta ocasión, los shorts se vienen. Pero igual toca cuidarme bien de aquí a que me vaya porque si no, adiós shorts.  Los guardo en la maleta y parecen advertirme: “te estoy vigilando.”

Esta es la historia de mi vida.  Jamás puedo dar por seguro que lo que tengo en el closet me va a quedar.  Lo que sí puedo saber a ciencia cierta es que si no me cuido como debo, la ropa se va a encoger, y pronto.  Así es mi cuerpo, se cree de globo con helio, siempre busca irse para arriba. El lado positivo de esto es que puedo alegrarme varias veces por caber en la misma prenda, pero en diferentes ocasiones.

En honor a la verdad,  también debo confesar que yo tiendo a rebelarme ante lo que me desagrada (cuidarme), necesito experimentar en carne propia si las teorías de Plusvida son ciertas o no (y comprobar muchas veces que tienen razón), me desboco por alegrías, por penas, aburrimiento o estrés y como resultado, el tema de lograr continuidad en el cuidado, es decir, cuidarme bien desde la mañana hasta la noche un día, y el siguiente, y así muchos más, para mí ha sido un reto grande.  No estoy orgullosa de ello.  Quisiera fluir con esto más fácilmente y acepto  públicamente que mis malas tendencias y mi falta de disciplina me mantienen en una lucha constante, que sería mejor evitar.

Mi aha moment de hoy fue descubrir que quizás por la gente como yo, Dios, el universo o la sociedad, nos da pequeñas cápsulas de motivación distribuidas a lo largo del año, por medio de ocasiones en las cuales podremos lucir o sufrir nuestra figura. Algo así como frecuentes metas a corto plazo. Porque aceptémoslo, enfrentar el closet antes de ver personas puede ser una fuente de sufrimiento o de tranquilidad. ¡Y qué decir de las fotos!  Si tuviéramos ocasiones sociales de vez en nunca, o si las fotos no existieran, probablemente no nos importaría tanto estar descuidados.  Ya se, el fin más noble de estar delgado es la salud, pero la vanidad ayuda a conseguirla.

Este fin de semana tengo una boda.  Luego viene la semana santa. Más adelante , un coctel y una ceremonia. En mayo, una misa, en junio una fiesta de graduación.  En julio es época de vacaciones, en septiembre habrá una reunión familiar, en octubre la reunión de exalumnas de mi clase, en noviembre mi cumpleaños y en diciembre las reuniones de Navidad.  En todas quisiera lucir en lugar de sufrir mi figura. Es una simpática casualidad que yo necesito motivación constante para cuidarme bien, porque me cuesta hacerlo, y el calendario me las provee.

Delgada, ¿Para qué? Pues para lucir en lugar de sufrir, si hablamos desde el ego.  Pero también para sentirme bien, para estar saludable, para verme al espejo al final del día y poder decir una vez más que ese día puede ser yo quien da las órdenes en mi cabeza.

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