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Regálame 10 libras menos

July 19, 2019

 

 

¡No puedo guardarme  esta idea! Hoy entendí algo valioso, mientras caminaba un día más, refunfuñando porque ya es costumbre que con el peso las cosas no salgan como yo quiero. Me esfuerzo, meto la pata, y así, ad infinitum, de manera que mi gráfica de peso parece impresión de sismógrafo: picos para arriba y picos para abajo, y esto del descenso de peso es el cuento de no acabar.

Los últimos meses no han sido fáciles. El mes de julio me abofeteó con doce libras más que a finales de mayo, y ya puedes imaginarte cómo me he sentido al respecto. A pesar de que me he cuidado, no he logrado hacerlo con la excelencia que me demanda mi cuerpecito. Ya empecé el camino de regreso, pero ha requerido una gran testarudez de mi parte. Hace poco le decía a mi equipo que estoy cansada: cansada de que esto no es natural para mi, de dar un paso para adelante y dos para atrás, cansada de tener que encontrar cada día la actitud adecuada para hacer lo que necesito hacer.  Cansada de pelear conmigo misma, de decir y decirme que no, de hacer ejercicio, de esforzarme, de tener que convencerme todos los días, muchas veces, de hacer lo correcto.

Esta mañana me auxilié con todo lo posible para salir a caminar: pedí compañía, al menos por un rato. Me puse los audífonos y en Spotify,  una lista que se llama “I can do this!”, el más reciente soundtrack de mi historia. Y salí a caminar. 

En mi cabeza fluía el diálogo conmigo misma. El tema de hoy era mi más reciente ilusión: un viaje de pareja programado para septiembre,  para disfrutar con seres queridos, en una tierra que me encanta, con unas horas para ir de compras.

-Otra vez, Jo, mírate: esforzándote para bajar esas libras que te faltan para en el peso que estabas la última vez que fuiste de compras.- me dijo mi cabeza.

-Si, le dije… me faltan 1.5 libras para estar como la vez pasada- En esa ocasión no había llegado a mi meta de peso todavía, pero mi talla era la mitad de la que usaba en enero. De pronto sonreí, porque vi con claridad algo que no había entendido hasta ahora.  Trataré de explicarte mi más reciente chispazo de inspiración.

 

Antes del gran descenso de 2017, creo que la última vez que estuve cómoda con mi peso fue en 2006.  De allí en adelante,  cuando venían las fiestas de fin de año, mi esposo me decía:

-¿Qué vas a querer de regalo?

Al principio, cuando empezaron los problemas con el peso, yo le respondía:

- Quiero una membresía del gimnasio-. O algo parecido: una máquina caminadora, ropa de hacer ejercicio, el último aparatejo milagroso que anunciaban, un paquete de masajes.  Creo que cada esfuerzo suma, pero igual, cada año nuevo me encontraba con más peso que el anterior. Finalmente, el problema se me hizo tan grande y tan imposible de resolver que con toda franqueza supliqué:

-Regálame 10 libras menos.-  Era un sueño, por supuesto.  Era mi forma de confesar que yo no podía manejar el problema del peso. Cada año se acumulaban algunas libras más  hasta que enero de 2017 me encontró con 58 libras que no se irían solas y yo no sabía cómo eliminar.

 

Al año siguiente había bajado todas esas libras y más, para un gran total de 64.  Fue una maravilla.

De las libras que subí desde mayo, hoy me falta bajar la mitad para estar en el peso que quiero, y hacerlo sigue siendo complicado porque yo sigo siendo yo: el mismo metabolismo, la misma cabeza, la misma personalidad. Por eso, y a pesar de mis aprendizajes, sigo siendo la dueña de la  misma rebeldía, la misma forma de frustrarme, la misma necedad para volverme a levantar.

Pero hoy entendí es que esas libras que voy a enfocarme en bajar una vez más son el regalo que sólo yo puedo darme.

Bajar ese peso es verme con cariño, es decirme que creo que valgo la pena, que merezco mi tiempo y mi esfuerzo. Cada minuto de ejercicio es un regalo para mi. Cada tiempo de comida bien hecho es un regalo para mi.  Decirle que no a lo que me complica el descenso es regalarme todos los otros sí que vendrán.  Cuidarme con cariño es el regalo que  ni el dinero ni el tiempo por si mismo, ni el ser querido más generoso puede hacer por mi.  Es mi ilusión y mi responsabilidad y una vez más, me digo que sí.

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