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¿Adicta yo? ¡Por supuesto que no!.....¿O sí?

Hace algunos años que empecé a pensar en mi problema de sobrepeso como algo más que falta de voluntad, por varios motivos:

1. Escuché una vez una plática sobre alguien que descubría que tenía una adicción a drogas cuando se dio cuenta que no podía hacer compromisos consigo mismo al respecto de dejar la droga. Decía que antes, cuando era pequeño, podía decidir, por ejemplo, no comer chocolates durante cuaresma, como sacrificio, y lo lograba. Pero con respecto a dejar la droga, no le era posible. ¿Será ese mi problema con la comida? Pensé. El sólo cuestionarlo ya era valioso en sí. Pero no. Si decido no comer tal cosa, puedo hacerlo. No soy adicta, pensé.

2. Viendo que cada vez que me subía a la pesa, pesaba más, pero seguía comiendo igual, un día pensé que a lo mejor era una “anoréxica inversa” es decir, que me veía al espejo y me sentía bonita, a pesar de estar cada vez más pesada. Decidí ir con una psicóloga de origen franco-canadiense, muy renombrada en Guatemala. –Tú no tienes un pjroblema alimenticio.- Me dijo. –Lo que tienes es una jrelación pjoblemática con la comida. Pjroblema o no, ya no seguí yendo porque las citas eran caras y no lograba avances significativos. -¿Cuánto tiempo le dedicas de tu día a pensar en tu peso? Me preguntó una vez. –Un 70 u 80%- le dije. -¿Eso es mucho! Me dijo. Tienes una jrelación pjroblemática con la comida. Ok. Eso lo acepto. Es problemático.

3. Pagué varias citas con nutricionistas excelentes. Me platicaban, me daban la dieta, y yo, con dolor pagaba la cita, hacía mis listas de alimentos, iba de compras por los insumos, y luego, comía lo de la dieta y lo que no era de dieta. Y poco a poco, frustrada ante mi incapacidad de cuidarme, abandonaba el tratamiento que nunca hice bien, para comenzar.

Ante mi fracaso de seguir una dieta, este año volví a pensar mi incapacidad para bajar de peso y mi abandono de las dietas y pensé: -Las dietas funcionan. Todas funcionan, siempre que sean dietas responsables. La que no funciona soy yo. Entonces Dios y mis amigos pusieron Plusvida en mi camino.

En Plusvida tratan el problema del sobrepeso como un problema de adicción a la comida. –Yo no soy adicta a LA comida- pensé. –Sólo tengo una relación problemática con ella. – Pero si tratarme como adicta sería la solución al problema, me pareció embarcarme en esta nueva forma de intentar cuidarme. Escucho pláticas todos los días y siempre hablan acerca de “nuestro problema de adicción a la comida”. –El suyo- pensaba yo. Yo no soy adicta a LA comida. Puedo dejar los alimentos si quiero, como lo he hecho tantas veces.

Muchas de las cosas que he escuchado me han hecho sentido: pensar en la adicción (que yo no tengo) como una araña que se posesiona de mi cerebro y de mi voluntad. (Esa sí la tengo… pero no soy adicta). También dicen que el adicto elige el primer desborde pero todos los demás no. Bueno, eso también me pasa. Pero eso le pasa a cualquiera, ¿o no?

Algunas cosas me han hecho pensar que quizás esto es más serio de lo que pensaba: al principio del tratamiento lloré por no poder comer mango en esta temporada (Casi puedo escuchar la voz de Marcelo diciendo que aún estoy muy pegada con la comida, o la de Karin diciéndome la irracional frase “Es sólo un mango” como si lo fuera… ¿o lo es?). Luego, me costó mucho superar la idea de consolarme con un derretido de queso cada vez que estaba estresada o triste… pero lo logré. No quiero comer todo lo disponible de todo lo disponible, así que quizás Marcelo se equivocó al pensar que yo soy como todos sus pacientes. De eso estaba segura hasta que me encontré con un par de cosas: la bolsa del pan dulce, y un día después, el bote con los Reeses Peanut Butter Cups.

Estaba en Atitlán, tranquila, recién levantada y pensando en ir a hacer café cuando de pronto, la bolsa del pan dulce se instaló en mi cabeza. NECESITO comer uno, pensé. Y la araña empezó a decirme que merecía comer al menos uno, de premio porque mi ropa me estaba quedando tan holgada, que los panes no eran tan dulces como los brownies, (porque los probé) que nadie se daría cuenta pues todos estaban dormidos, que si uno estaba bueno me comiera otro y otro. Paré en tres. Tuve que físicamente alejarme, poner distancia, o los habría comido todos. Eso es compulsión, pero…¿Es adicción? No… quizá es un disparador para comer, nada más. Pero uno muy fuerte.


Regresé del descanso y paseando por mi casa, a solas, encontré el coqueto frasco de vidrio que estaba lleno de los condenados chocolatitos con mantequilla de maní. –Qué descuidados mis hijos- pensé. Me lo dejaron a la vista.- y volví a hacer mis cosas. Pero los chocolates me llamaron. Casi podía oírlos. Estaba sola… y fui por uno. Duró en mi boca unos dos segundos. Decepcionada de mi poca voluntad, busqué distraerme en la lectura. Pero me llamaban. Entonces fui por dos más, y luego otros dos. Comí 5 en total antes de casi tener un shock por el estrés de resistirlos. Luego fue hora de almuerzo y comí lo que debía y lo que no debía y habría querido seguir consumiendo lo que me diera la gana. Después del almuerzo y tras la siesta, regresé a buscar los chocolates. Mi hija, advertida de que su imprudencia me hizo caer, los había escondido a petición mía. Pero yo lo encontré. Y me comí dos más.


Ahora que es media tarde, pensé que lo mejor que podía hacer es cuestionar si soy o no adicta a LA comida y así ocupar mi cerebro para no pensar en más comida y llegar a la hora de mi refacción.

Mi conclusión es: a LA comida en general, no, no soy adicta. Pero algunas cosas tienen un poder enorme sobre mí y en un pulso de voluntad contra ellas, pierdo. Como fue con el pan dulce o los chocolates. Y al perder, me siento frustrada y con ganas de abandonar mi cuidado, de empezar a hacer como que puedo comer lo que quiera y no pasa nada. Empiezo de nuevo a pensar en encontrar la varita mágica o la cura milagrosa. Pienso lo lejos que estoy de llegar a mi peso ideal y lo imposible que es alcanzarlo porque ni siquiera puedo resistir 4 horas de cuidado perfecto. O creo que este desborde no es para tanto y lo que suba lo bajaré en pocos días que se vuelven muchos, muchos días de ansiedad y tristeza. Veo ahora que ciertas comidas me disparan compulsión y lo que como compulsivamente no me deja satisfecha pero sí llena de calorías, de culpa y de dudas… así que con humildad pregunto: Marcelo… aunque no soy adicta a todas las comidas, ¿lo soy?

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