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La vergüenza dura sólo un rato

October 28, 2018

 Las fotos me lo mostraron: la vergüenza dura solo un rato, cuando me estoy cuidando.  Perseverar a pesar de la vergüenza y la molestia es la llave para maravillarnos de lo que somos capaces de alcanzar. Aunque el marco es gris, las imágenes son a colores, como el cuidado y el resultado.

Antes, la vergüenza de estar gorda me acompañaba siempre.  Testimonio de eso, es la entrada  Fue la Vergüenza. Puedes leerla si le haces clic al título.

Ayer fui a una boda y me dio vergüenza llevar lonchera. El resultado es que ayer subí lo que me costó una semana bajar, y el desenchufe me duró hasta la noche.  Esta mañana me disponía a confesar por whatsapp a mi equipo de seguimiento lo que hice mal y a explicarles que la vergüenza fue la razón por la cual no me cuidé bien.  Pero algo mágico sucedió: me metí a ver el archivo de fotos que durante este tiempo he compartido con ellos. Encontré muchas imágenes triunfales donde la vergüenza no era visible: lo visible era la felicidad. Así que me aguanto la vergüenza y te las comparto, por si te da curiosidad.  Lo importante es que quiero hacerte ver cómo vi yo que el comer diferente a los demás puede ser molesto y desagradable, pero ver la otra cara del cuidado lo supera.

Este recorrido gráfico me mostró cosas las hermosas que me ha permitido el cuidado.  Son tantas que es difícil ponerlo en palabras. 

Fue porque decidí cuidarme que pude gozar varios viajes de aventura teniendo la posibilidad de subir miles de gradas sin sobrecargar mis rodillas, ponerme traje de baño, (y luego animarme a ponerme un bikini) , lanzarme en canopy, subir pirámides, nadar en las gélidas aguas de nueva Zelanda o de Cobán, celebrar a la par de mi familia, contemplando que las fotos muestran una mamá joven a la par de sus hijos.  Pude volver a bailar con mi maestro querido, sobrevivir decenas de viernes a la par de mi abuelita, celebrar con mis primos pensando que el tiempo no me ha arruinado tanto.  Subí árboles con mis sobrinas y anduve en la patineta de de una niña.  Hice travesuras de closet y me asombré con lo que ahora soy capaz de usar, incluyendo ropa de mis hijas. Me he visto al  espejo y con sorpresa he dicho:  wow!  Jamás creí que esa imagen sería yo.

He recorrido parques, calles, bosques y playas a veces sola, a veces con Emma, o con mi gran compañero.  He descubierto los  huesitos de mi pecho y las líneas de mi cara.  Finalmente, he podido ver en las fotos y en el espejo lo que siempre fui en mi cabeza.

Todo eso lo  descubrí en el camino, no al llegar a la meta. Fue sucediendo con cada “No” que he impuesto:  No me lo meto a la boca, no me perdono la pereza, no abrazo la excusa, no sucumbo al impulso. 

Marcelo dice que para quien se ha sabido cuidar, la conocida frase “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” debería ser “siempre supiste lo que tenías, pero pensaste que nunca lo perderías”.  Algo de eso me estaba ganando.

Hoy las fotos me mostraron  que si bien la vergüenza es molesta, y es un gran reto para mi, dura sólo un rato.  Un rato que sumado a otros, se vuelven muchos, sí, pero cada uno dura un momento. Y el momento pasa y si resisto,  persevero.  El resultado se va acumulando y me permite ser quien yo quiero.  Mi nuevo reto es claro:  llevar la vergüenza del momento con serenidad y elegancia, sabiendo que del otro lado estoy yo, como quiero ser.

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